S. Basaldúa

Miradas desde las divergencias

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El revés de la trama

(sobre cosmos y cenizas)

Este es un lugar entre pliegues donde lo que no se nombra florece y lo que pasa deja rastro. Aquí no se viene a entender sino a resonar. La puerta está entreabierta.



Hay preguntas que no buscan respuestas sino una forma digna de ser habitadas.

Algunas veces, cuando pienso en el cielo o miro el firmamento, no siento vértigo sino pudor. Me han dicho (y lo acepto con total serenidad) que mirar lejos es mirar hacia atrás. Que cada punto de luz es una demora, una memoria viajando, un mensaje pasado que se vuelve presente. Que lo que veo no es el universo actual sino su juventud. Y entonces algo en mí, que desea ferviente reemplazar las ecuaciones por metáforas, tropieza y se resquebraja.

Porque el universo era más pequeño pero…, ¿qué quiere decir exactamente esa palabra? ¿Pequeño como una semilla que cabría en mi mano? ¿Pequeño como una casa antes de ampliarse? ¿O pequeño en un sentido más sutil, como cuando dos personas están más cerca aunque el mundo siga siendo inmenso?

Cuando levantamos la vista, el pasado que vemos no parece comprimido. No parece un rincón remoto del que todo brotó, apretado y confuso. Por el contrario, cada vez que afinamos la mirada aparecen más estrellas, más galaxias, más diferencias, más historias. Cuanto más lejos vemos, el horizonte no se contrae sino que se enriquece.

Si en aquel entonces todo estaba más cerca, ¿estaba también todo contenido en menos espacio? ¿O acaso esa cercanía no implica un encierro? ¿Es posible, acaso, que el universo haya sido siempre vasto, incluso sin borde, y que lo único que cambiara fuera la distancia entre las cosas?

Porque si el universo hoy es infinito, entonces lo fue siempre, incluso si estaba comprimido en su origen. ¿Puede lo inmenso haber sido siempre inmenso, aunque sus proporciones fueran otras?

Tal vez mi error sea un problema de escalas y esté en imaginar el origen como un objeto pequeño dentro de algo más grande, un contenido dentro de un continente. Tal vez «más pequeño» no signifique «de menor tamaño total» sino «con menor separación». Y así, entonces lo que llamamos comienzo no sería una miniatura del mundo actual, sino el mismo mundo con otra escala, con otro ritmo de distancia, con otra intimidad entre sus partes constitutivas.

Entonces, el cielo antiguo que nos rodea ya no sería el resto remanente de una esfera diminuta, sino la intersección entre nuestra mirada y una vastedad que nunca dejó de ser vasta.

¿Será que no venimos de un punto sino de una transformación, que el origen no fue un lugar reducido sino una forma diferente de estar juntos, que el pasado no era pequeño sino más íntimo?

Cuando pienso así, la pregunta «¿de dónde venimos?» cambia de tono. Porque ya no imagino una chispa aislada en la oscuridad sino una expansión de distancias dentro de algo que probablemente, jamás tuvo borde. Y me pregunto si, al final de cuentas, el universo no nos estará enseñando algo más humano que astrofísico:

crecer no siempre es ocupar más espacio sino aprender a estar más lejos.

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