S. Basaldúa

Miradas desde las divergencias

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El revés de la trama

(sobre cosmos y cenizas)

Este es un lugar entre pliegues donde lo que no se nombra florece y lo que pasa deja rastro. Aquí no se viene a entender sino a resonar. La puerta está entreabierta.


Mientras la Argentina debate si necesita (o no) un billete de mayor denominación, pocos nos detenemos a pensar por qué ya no usamos el billete de menor valor, la unidad misma del peso argentino. Curiosamente, la respuesta no está tanto en la inflación, en la política monetaria ni en el FMI sino en algo mucho más doméstico: el mismísimo papel higiénico.

Pensemos juntos en esta dolorosa realidad. Si el Banco Central de la República Argentina aun emitiera billetes de $1, cada metro cuadrado de billetes valdría 99 pesos mientras que el metro cuadrado de papel higiénico linda, hoy día, los $185. En otras palabras, debemos aceptar que es más caro limpiarse el culo con papel higiénico que con pesos argentinos.

No deja de ser escatológicamente cierto, en este escenario, que la gente bien podría empezar a ahorrar en rollos de papel higiénico y especular con el tipo de cambio del doble hoja pues un eventual plan de higiene fiscal al final del día,ñ nos brindaría números extremadamente claros: $1.335 hoy alcanzan para 80 metros de papel higiénico mientras que los mismos $1.335 (en eventuales billetes de $1) cubrirían menos de cuarenta. De hecho, el papel higiénico costaría 2,6 veces más por metro lineal que el billete de $1.

En última instancia la realidad es incontrastable. En nuestra querida Argentina, ni el peso alcanza para papel ni el papel alcanza para el peso. Así que antes de soñar con dolarizar la economía, deberíamos pensar previamente en como despapelihigienizarla. Máxime suponiendo que, la próxima semana, estaremos expuestos a una inexorable devaluación.

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