S. Basaldúa

Miradas desde las divergencias

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El revés de la trama

(sobre cosmos y cenizas)

Este es un lugar entre pliegues donde lo que no se nombra florece y lo que pasa deja rastro. Aquí no se viene a entender sino a resonar. La puerta está entreabierta.

Me llamaron Abel, el amado, el preferido, pero jamás me sentí amado ni por el cielo ni por la tierra. Tan solo fui el espejo donde se reflejaba la condena de mi hermano.

Lo supe desde el primer momento, cuando vi que el humo de mis sacrificios ascendía ligero, acariciado por un viento divino, mientras el de Caín se quebraba y dispersaba como si los mismos cielos le cerraran las puertas.

Y vi en sus ojos el peso de esa humillación, el fuego contenido de alguien a quien hasta Dios le había dado la espalda, sin poder dejar de sentir que mi existencia era la causa de su tormento.

Jamás pedí ser pastor ni elegido, nunca supliqué la gracia que me otorgaron y, sin embargo, cada resplandor que me tocaba era un cuchillo que lo hería a él y horadaba mi pecho.

¿Qué debía hacer? Si decidía anticipar mi partida, la ira del Altísimo habría caído sobre nuestra casa. No podía rebelarme de semejante modo contra la mano que me alzaba así que viví dividido, agradecido en la boca y maldito en el corazón. Y día a día me odié un poco más por la fortuna inmerecida que me colmaba.

Entonces entendí que la única salida no era otra más que dejar que fuese él quien me matara. Así, confieso hoy que no fue su envidia lo que nos llevó al campo, fue mi ruego. Porque lo miré a los ojos y le dije sin palabras:

Hazlo, yo no me atrevo.

No supe si él lo comprendía pero sentí que, por primera vez, compartíamos un mismo destino, y cuando cayó sobre mí no grité. Descansé.

En su furia encontré la piedad que no me atreví a concederme y, mientras la vida se me escapaba, supe que era, por fin, libre de la preferencia que me oprimía.

Muchos contarán que fui inocente y él el culpable pero la verdad es otra. Yo busqué mi muerte y él me dio lo único que Dios me negó.

Caín no me mató. Lo elegí como mi redentor.

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