S. Basaldúa

Miradas desde las divergencias

Tabla de contenidos

El revés de la trama

(sobre cosmos y cenizas)

Este es un lugar entre pliegues donde lo que no se nombra florece y lo que pasa deja rastro. Aquí no se viene a entender sino a resonar. La puerta está entreabierta.

Siempre llegaba antes que todos. El andén estaba frío, húmedo, con un eco que devolvía cada paso como si fuera ajeno. En el muro opuesto, un viejo reloj de estación marcaba las 3:14:15, aunque yo sabía que no funcionaba desde hacía años. Me gustaba mirarlo porque su inmovilidad parecía una advertencia: aquí, el tiempo no tiene poder.

Ese día la niebla era tan espesa que los rieles se perdían a pocos metros. Me senté en el banco de madera astillada y encendí un cigarrillo que no pensaba fumar, solo quería ver el humo dibujando figuras más honestas que las palabras.

Alguien apareció entre la bruma. Un hombre con un abrigo demasiado largo y una bufanda gris que arrastraba por el piso. No lo conocía pero caminaba directo hacia mí, como si lo hubiese estado esperando.

Se sentó a mi lado y, sin mirarme, dijo:

-El tren no va a pasar hoy.
-Nunca pasa -respondí.
-Lo sé, pero a veces uno viene igual, solo para comprobar que sigue sin pasar.

Hablamos poco. Él sacó de su bolsillo un reloj de bolsillo y me lo mostró. Estaba detenido también en las 3:14:15.

Sonrió, cerró la tapa y lo dejó sobre el banco. Luego se levantó y se alejó, tragado por la niebla, sin decir adiós.

Me quedé con el reloj en la mano, escuchando el silencio. En ese instante supe que había entendido algo que siempre había sospechado: no había tren, no había espera. Solo yo, aquí, como siempre.

Posted in

Deja un comentario