S. Basaldúa

Miradas desde las divergencias

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El revés de la trama

(sobre cosmos y cenizas)

Este es un lugar entre pliegues donde lo que no se nombra florece y lo que pasa deja rastro. Aquí no se viene a entender sino a resonar. La puerta está entreabierta.

El bulto

El muelle cruje antes del amanecer. Doce tablas exactas hasta la grúa oxidada. El hombre avanza contando cada una y el paquete, una tela encerada con nudo simple, marca un ritmo contra su muslo. No mira a los lados aunque percibe, en el rabillo del ojo, una figura suspendida en el aire: un piloto que sostiene algo envuelto en una membrana plateada. Cierra rápidamente los ojos pero la imagen se queda adherida como una nota sostenida en la memoria.

En el extremo del muelle, una mujer espera sentada sobre un cajón de madera. Sus manos, inmóviles como ramas secas, reciben el bulto. Apoya el oído sobre la tela y escucha un latido débil. Reconoce fácilmente el pulso. Lo oyó una vez, o tal vez lo oirá, en una estación orbital llamada Erebus-9. El recuerdo llega del futuro. O del pasado, no lo sabe. Tampoco importa.

La esclusa de la estación se abre con un silbido y ráfagas de aire salen mientras se igualan las presiones. El piloto avanza flotando y, junto a la antena de comunicaciones -que se oxida para parecer más vieja- siente un eco en las manos: la forma imaginaria de un nudo que jamás ató. Al otro lado del corredor, por un instante, cree ver un muelle de madera y un hombre que camina hacia una mujer sentada. Pero no reduce la marcha.

La ciudad sigue como si nada. El hombre ya se ha ido, el paquete reposa en el regazo de la mujer, pesado por algo que no es materia. Desde la orilla, la grúa observa. Desde la órbita, la antena escucha. En cada lugar, el objeto late igual.

El mar, imperturbable, contiene la respiración y el vacío hace lo mismo. El muelle está desierto, la esclusa cerrada y, sin embargo, allí está. El mismo objeto, sostenido por las mismas manos en todos los tiempos, intercambiado una y otra vez en direcciones opuestas. El inicio y el final coinciden en un punto, como una partitura que se oye igual tocada hacia adelante o hacia atrás.


Elektra

En el aire frío del amanecer Elektra avanza al paso y cada golpe de sus cascos contra la tierra es una negra grave, bien marcada, que abre el compás. Yo llevo la batuta invisible en mi mano izquierda pero es ella quien marca el tempo. El viento en su crin suena como arpegios de violín y el roce de la montura con su lomo es un susurro de contrabajo que afina debajo de la melodía.

De pronto sus orejas se levantan -se anuncia el allegro- y sin previo aviso el trote irrumpe en semicorcheas saltarinas. Mi corazón sigue la partitura, sintiendo cómo cada resoplido es un acorde mayor cargado de expectación.

En un instante sin transición visible, la tonalidad cambia: el galope irrumpe como una fuga barroca, con el bajo continuo en sus patas traseras y el tema principal repitiéndose en las manos. El aire se vuelve una sala de conciertos sin paredes y yo, más que jinete, me siento ahora un solista tratando de no perder el compás que ella impone.

Llega el salto… ah, el salto es un silencio de blanca con calderón, suspendido en el aire, donde el tiempo mismo decide detenerse. Una gran pausa. Entre el impulso y la caída, toda la orquesta calla y sólo queda el latido de mi pecho, el eco de la cuerda aguda de un arpa imaginaria. Luego el aterrizaje, un tutti fortissimo tan breve como un golpe de timbal que vuelve la partitura hacia otro movimiento.

No es un paseo. Es una sinfonía viva escrita en el instante y borrada en cuanto el último casco deja de golpear la tierra.


Cessna

El piloto del Cessna, perdido sobre un mar de colinas, había dejado de confiar en su brújula. El sol caía bajo, dorando los pastos, y la radio crepitaba con una voz que no lograba ubicar.

-Charly X-Ray Alfa-Tango-Whisky, aquí Alfa 742, lo tengo a la vista… creo. Mire hacia su izquierda y busque un destello.

El piloto giró apenas la cabeza. Entre el reflejo de su parabrisas y el resplandor del río, todos los brillos parecían idénticos.

-Nada. Repita, ¿dónde está?

En la cabina del avión comercial, el comandante se inclinó hacia el copiloto y señaló con el bolígrafo una hoja en blanco, improvisando un mapa verbal.

-Imagine que el sol está en el centro del reloj y usted lo mira de frente. Yo estoy en su “a las dos”, y usted está en mis “a las diez”. Si vira hasta poner el sol en “las tres”, nos alinearemos.

El Cessna obedeció. La luz entró oblicua por la ventanilla derecha bañando la cabina de cobre viejo.

-Ahora busque abajo, hacia las “seis” de su reloj personal. Ahí, justo encima de la línea del bosque, soy yo.

Y allí estaba, un punto metálico que crecía en el cielo, la única certeza en un horizonte que hasta entonces había sido puro extravío.


En el borde último del día, cuando el aire parecía denso como agua y el horizonte apenas un hilo entre lo que se ve y lo que se intuye, los tres sucesos se encontraron sin proponérselo. El bulto, aún guardando el secreto de su pulsación, reconoció en la Sinfonía de Elektra un eco de sí mismo, un compás escondido que latía en cada paso y en su respiración. Y, desde el cielo, el Cessna localizado por un ángulo y un rayo de sol dibujado en un reloj imaginario giró una vez sobre el campo, como si quisiese saludar antes de encaninarse hacia donde no había caminos trazados.

En ese preciso instante nadie -ni Elektra que que ya galopaba en la distancia, ni el piloto que cerraba la radio, ni la mujer que apoyaba la mano sobre el bulto tibio- supo explicar por qué todo parecía tan exacto.

 

Tal vez fuese la música que unía lo que estaba en la tierra con lo que flotaba en el aire, tal vez era el latido que no se resignaba a pertenecer a un solo cuerpo, tal vez era simplemente que cada historia, sin saberlo, había nacido para encontrarse consigo misma en ese mismo segundo.

Entonces el marco se cerró. El vidrio se colocó y adentro, como si fuese para siempre, las tres quedaron latiendo juntas, protegidas, sin perder nunca más la vibración de lo que fue vivido en fragmentos pero recordado en un solo acorde.

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