
… es un campo minado, pero de de espejos. A veces me refleja, otras veces me descompone y deforma, y las más de las veces me oculta. No sé si es porque lo uso a modo de reencuentro conmigo mismo o como una excusa para no encontrarme nunca del todo. Lo que sí sé es que no me gusta demasiado obedecer paradigmas si no los comprendo, aunque los use como trampolines.
También es una herramienta que me permite descubrir lo que no sabría decir en voz alta, ni siquiera con palabras, como pequeños sabotajes al silencio y microfracturas en los moldes del deber ser por las que se cuela el texto de mi realidad, o de la realidad que me invento constantemente para poder sobrevivirme como un mago que no busca que le aplaudan el truco sino, más bien, que se asombren con los conejos.
No lo sé. Tal vez sea una adicción. Puede ser. En tal caso, no sería la primera. Pero prefiero pensarlo más como un ritual, como una forma de seguir preguntando sin esperar respuestas definitivas, una forma de jugarle pulseadas al tiempo, a la. identidad, al género, a la muerte y a mí mismo.
Son preguntas que le hago y que no me responde. Pero no importa, porque en vez de darme esas respuestas me habla de lo que todavía no conozco y me canta melodías absurdas mientras intento parecer serio.
Supongo que es mi modo de no enloquecer…
…del todo.
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