S. Basaldúa

Miradas desde las divergencias

Tabla de contenidos

El revés de la trama

(sobre cosmos y cenizas)

Este es un lugar entre pliegues donde lo que no se nombra florece y lo que pasa deja rastro. Aquí no se viene a entender sino a resonar. La puerta está entreabierta.

Bueno… Supongo que ya es hora de decir algo, ¿no? No sé si esto servirá pero… en fin, aquí estoy…

Te pido perdón. Te pido perdón por no haber estado. Pero no fue por falta de amor, claro. Fue por circunstancias. Siempre hubo algo, cosas que se interponen, ya sabés, la vida nos juega esas vueltas extrañas y somos sus víctimas. Cuando diste tus primeros pasos, por ejemplo, yo estaba en plena incertidumbre laboral y no podía descuidar mis responsabilidades. Porque si lo hacía, ¿quién mantendría la casa? ¿quién iba a darte los zapatos con los que aprendiste a caminar?

Y sí… Es cierto, tampoco estuve en tus actos escolares pero no me perdí ninguno a propósito, y necesito que eso quede claro. Simplemente, todos saben cómo son estas cosas, nunca fui muy bueno con las multitudes, me agobian, me ahogan, me incomodan. Y prefería no estar ahí, sudando, torciendo los ojos, quitándote el protagonismo… Porque jamás deseé arruinarte un momento feliz.

Tampoco supe aconsejarte, es cierto. Pero no fue porque no deseara ayudarte, fue porque siempre confié en vos, en tu inteligencia, en tu criterio, en tu independencia. Porque, a fin de cuentas, ¿quién soy yo para decirle a otra persona cómo debe vivir su vida? Siempre creí en la libertad, incluso cuando nunca supe ejercerla bien. Y no estuve cuando estuviste enferma. Me cuesta admitirlo pero es que, desde siempre, las enfermedades me desarman. Nunca supe lidiar con el dolor ajeno, es algo que me supera y tu mamá siempre fue mucho más fuerte que yo en eso. Era mejor dejarlo en sus manos, créeme, lo hice por tu bien.

Lo de minimizar tus logros, sí, eso lo escuché muchas veces y de varias personas. Pero no fue para menospreciarte, no, para nada. Fue para que aspiraras a más. Nunca quise que te conformaras con lo primero y te exigía porque confiaba en vos. Si te hubiera aplaudido todo, probablemente habrías pensado que ya habías llegado a la cima y yo sabía que podías volar más alto. Ese fue siempre mi modo de amar. Como aquel concierto…Tú sabes, el que justo coincidió con el cumpleaños de mi pareja y ya estaba todo planeado, no podía cancelarlo. Además, tú misma me dijiste que no te importaba si iba o no, o eso fue lo que entendí en ese momento. A veces uno interpreta lo que puede, y yo interpreté eso. Pero después dejaste de cantar y ya no hubo conciertos a los que pudiera ir, aunque me hubiera gustado hacerlo.

Sé que cometí errores, claro que sí, pero también tenés que entender que hice todo lo que pude con lo que tenía, nunca tuve un modelo de padre y fui improvisando, como todo el mundo. Nunca nadie nace sabiendo cómo ser papá.

Y si pensás que fui egoísta, bueno, sí, puede ser. Un poco, tal vez. Pero no es algo tan simple. Tú sabes que tuve una vida complicada, que arrastro cosas y que, cuando uno arrastra, a veces pisa sin querer. Pero nunca fue por maldad sino por torpeza, por cansancio.

Juro que te quise. Por lo que más quieras, siempre te quise, aunque no supiera cómo demostrarlo, aunque no estuviera ahí cuando abrías la puerta buscando a alguien, aunque mis ausencias fueran mucho más visibles que mis gestos, que mis presencias. Y por eso le pido a Dios que algún día puedas entender todo esto. No sé si podrías perdonarme pero, al menos, trata de entenderme. Porque, a final de cuentas, todos tenemos nuestra versión de las cosas y ésta es la mía. Y El sabe que nunca, jamás, actué con maldad.

Posted in

Deja un comentario