S. Basaldúa

Miradas desde las divergencias

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El revés de la trama

(sobre cosmos y cenizas)

Este es un lugar entre pliegues donde lo que no se nombra florece y lo que pasa deja rastro. Aquí no se viene a entender sino a resonar. La puerta está entreabierta.

Soñar en autista (o de cómo la mente neurodivergente no se apaga ni cuando duerme)

Para muchas personas autistas, la necesidad de encontrar sentido, detectar patrones o comprender la lógica detrás de los hechos no es solo una cuestión de vigilia. También se filtra -intensa y profundamente- en el mundo de los sueños.

El pensamiento analítico, la búsqueda de coherencia y el procesamiento hiperactivo de la información no se detienen con el sueño. En muchas ocasiones, esa actividad mental continúa durante la noche con la misma intensidad que durante el día.

Esto hace que las experiencias oníricas, lejos de ser un descanso, puedan volverse escenarios de conflicto interno. Cuando algo en el sueño «no encaja» -porque desafía las leyes de la física, de la causalidad o simplemente del sentido común-, la mente lo registra como una anomalía.

Esa detección puede generar una conciencia parcial dentro del sueño: «esto no es real, esto no puede estar pasando». Es lo que comúnmente se conoce como sueño lúcido. Pero en este caso, muchas veces no es una herramienta de exploración, sino un intento desesperado de volver al orden.

Porque para muchas personas autistas, lo ilógico no es solo extraño: puede ser emocionalmente desestabilizante. Un sueño caótico, sin reglas claras, no solo desconcierta, sino que puede angustiar, generar culpa o sensación de descontrol.

Entonces, el sueño se convierte en una especie de rompecabezas en tiempo real: se buscan señales, símbolos o «pruebas» que ayuden a confirmar que se está soñando. Por ejemplo, intentar leer textos, observar relojes, buscar incoherencias. Todo para recuperar una mínima sensación de control.

Pero incluso al lograr esa conciencia -saber que se está soñando- puede aparecer otro conflicto: la urgencia de salir. De despertar. Y cuando eso no sucede, cuando no se encuentra cómo hacerlo, la angustia se intensifica. La lucidez no siempre libera. Algunas veces encierra.

Soñar en autista puede ser agotador. La mente sigue activa, sigue resolviendo, sigue buscando estructuras donde tal vez no las haya. Hasta lo emocional se analiza. Lo simbólico se interroga. No hay tregua clara entre el pensar y el descansar.

Y sin embargo, esa misma intensidad también es una muestra poderosa de cómo funciona una mente neurodivergente: lúcida, sensible, hiperconsciente. A veces incómoda. Otras veces luminosa. Siempre comprometida con entender lo que le rodea, incluso en el sueño.

Hablar de estos temas es importante porque muchas experiencias autistas siguen sin ser comprendidas ni visibilizadas. También los sueños -sí, incluso los sueños- son territorio donde se expresa la neurodivergencia. No se trata solo de comportamientos. Es una forma completa de estar en el mundo.

Soñar en autista no es una metáfora. Es una realidad que merece ser compartida, escuchada y respetada.

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